Lo que relataré a
continuación no es todo lo que soñé esa noche, sino solo una
parte. De lo anterior solo recuerdo partes sueltas y no muy
coherentes (parecido al típico sueño en el que vas desnudo por la
calle).
Era una noche
cerrada, con un poco de niebla y una brillante luna iluminaba el
suelo. Un grupo de amigos y yo salíamos de fiesta y fuimos a parar a
un pueblo (no sé el nombre). Llegamos en un tranvía al que nosotros
llamábamos metro, como el de Madrid, solo que este no era
subterráneo (al menos no en este tramo). El pueblo estaba a 4 o 5
minutos andando desde la parada del tranvía.
El pueblo en
cuestión era más bien un poblado de la Edad Media, con tabernas y
comercios en la calle- si alguno ha visto o jugado al Skyrim, el escenario es muy parecido. Aquella noche había mucha fiesta y muchos
jóvenes como nosotros. Aunque era como una aldea de hace siglos, la
gente era moderna y todos teníamos smartphones con whatsapp y demás.
En un momento
determinado, dijimos de irnos y comenzamos a marcharnos. Un amigo
propuso ir a otro pueblo llamado “San José”.
-¿San José de la
Montaña o San José de la Vega?- pregunté yo, refiriéndome a dos
pueblos de Murcia que conocía bien.
-No, no... San José
Digital- respondió mi amigo.
-¿San José
Digital?¿Y eso dónde está? Es la primera vez que oigo ese nombre.
Sin tener mucha idea
de dónde estaba aquel pueblo, mi amigo lo buscó en Google Maps sin
demasiado éxito. Así que decidimos preguntarle a la gente que había
por allí, que eran muchos.
Nos acercamos a un
grupo de rusos que hablaban español, entre los cuales reconocí a
alguno de cuando viajé a Rusia (en la vida real). Estaban sentados en una mesa grande bebiendo cerveza y hablando entre ellos. Un amigo le
preguntó si sabía dónde estaba el pueblo. El ruso le reconoció de
haberlo visto antes y le dijo “¿Tú eres el de los bloques?”,
haciendo un gesto que sugería alguna acción que hizo mi amigo que
requería de mucha fuerza. Este asintió pero sin mucho entusiasmo.
Tras un rato charlando no obtuvimos información sobre lo que
queríamos y seguimos el camino.
A la salida del
pueblo nos encontramos con un grupo de excursionistas (sí, a esas
horas) con mochilas que también iban buscando un lugar. Entre ellos
había un par de chicas con las que no dudé en empezar a hablar.
Eran bastante simpáticas y una de ellas también iba a San José
Digital, pero no tenía ni idea de dónde estaba.
Estuvimos largo rato
hablando y finalmente nos despedimos y decidimos coger el “Agrotour”,
que era como una especie de tranvía nocturno con recorridos
especiales. Allí ya le preguntaríamos al conductor. Comenzamos las
despedidas con un abrazo. A la chica con la que estaba hablando al
final la iban a recoger sus padres. Le pedí el Twitter (o Instagram, no estoy seguro) a las dos y eran (atentos a los nombres): @espasa y @marialadeficiente
(qué se le va a hacer). Al final una cosa llevó a la otra y
acabamos acompañando a esas dos chicas a donde les iban a recoger
sus padres, dejando a nuestros amigos atrás con los excursionistas
(solo me acompañaba mi amigo Wolff). Cuando llegaron sus padres
empezaron a hacer insinuaciones sobre quién era yo del tipo “no
sabía que fueras acompañada”. Su hermano pequeño también iba
con ellos y empezó a decir que por qué no me llevaban a mí
también. Se fueron todos a pedir algo de comer, y entonces me
acerqué a la chica y le pregunté si al final me podían acercar o
no. Su padre oyó la pregunta y me dijo “espérate a que comamos”.
Dando por hecho que nos iban a llevar, mi amigo y yo volvimos para
avisar a los demás. Al llegar al lugar donde estábamos antes no
había nadie. No entendíamos nada. No nos habían avisado. Nos
preguntamos si habían cogido el tranvía sin nosotros, pero luego
recordamos que todavía no había pasado. Empezamos a correr
buscándolos fuera del pueblo, donde se empezó a formar una niebla. A nuestra izquierda había unas tuberías metálicas de color amarillo y más adelante vimos las vías del tranvía donde no había nada ni nadie. Todo estaba desolado y silencioso. En la oscuridad, distinguimos una
silueta paseando a dos lobos, pero al acercarnos a ella desapareció
de repente y solo quedaban los dos lobos con las correas arrastrando.
Detrás de los
arbustos comenzaron a acecharnos otros lobos. Mi amigo y yo cogimos unos palos que había y apretamos el paso. Entonces vi un lobo con un
pelaje amarillo que me llamó mucho la atención y me acerqué a él,
pero saltó sobre mí y casi consigue morderme. Sin embargo, aunque
nos acechaban no nos volvieron a atacar.
En ese momento
amanecía y se veía la luz del sol. Llegamos justo a un pueblo
debajo de nosotros (nos encontrábamos en una colina) en el que todo
el mundo iba vestido de campesinos, como en la Edad Media. Decidimos
bajar a preguntarles si habían visto a nuestros amigos, olvidándonos
completamente de las chicas.
Justo cuando
estábamos bajando la colina, se acabó el sueño.

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