sábado, 12 de julio de 2014

Sueño 4: Mazarrón

Fecha del sueño: Noche del 16-09-2012
Me encontraba en Mazarrón, en la urbanización donde yo veraneaba, El Alamillo. Sin embargo, las cosas estaban un poco cambiadas, porque no era exactamente el mismo escenario, como si se tratase de un universo paralelo pero muy parecido.
Recuerdo que tenía bastantes amigos, aunque creo que el de allí de toda la vida (Samuel) no estaba entre ellos. Al principio, íbamos por mi calle (C/ Punta Mala) y vimos lo que parecía un pato en un portal. La puerta era de rejas, con barrotes suficientemente anchos como para que el pato saliese a la calle. Estuve intentando que saliera el pato, y finalmente uno de mis amigos consiguió cogerlo y lo tuvo en sus brazos un rato. Después lo soltamos y se quedó dando vueltas por el solar, pero no se escapaba porque al poco tiempo siempre estaba en la misma casa. Otro día, yo solo conseguí también que saliera y lo tuve un momento entre mis brazos, acariciándolo como si fuera un perro.
Otra escena que recuerdo a continuación es con un amigo, no sé quién, llevándome a una calle (aquí cambia el escenario con respecto al real:donde está el bar El Palmito, subiendo hay una calle hacia la izquierda- Punta Mala, la mía-, otra que sube en diagonal izquierda, otra que va recto y otra a la derecha; pues bien, en el sueño, después de la calle que va recto había otra calle en diagonal derecha, y el solar que hay en la realidad ahí no estaba), que es la calle que va en diagonal derecha. Para que no os hagáis un lío con las calles os dejo un pequeño croquis: 

Al empezar la calle mencionada, en una de las casas, mi amigo me presentó a una chica más o menos de mi edad que se llamaba Virginia (no la conozco en la vida real). Él se fue y de repente yo estaba montado en bici (quizás iba todo el camino así pero me di cuenta en ese momento). Virginia sacó la suya y dimos una vuelta. Luego, ella se fue repentinamente a algún lugar (después de eso no la volví a ver y ya no estaba en su casa) y se dejó la bici. Yo no entendía nada, pero me llevé su bicicleta para guardarla en mi casa hasta que la volviera a ver.
En la siguiente escena estaba con otro amigo (que tampoco sé quién es) en la puerta de un cine. Mi amigo le preguntó a un policía en la entrada que si podían hablar, y el policía le acompañó dentro. Al rato salieron y mi amigo tenía en la mano un móvil un poco raro y grande (tamaño I-Phone) y nos marchamos. Por el camino me explicó que le habían dado un “móvil de sustitución”(como los coches, ya que al parecer le habían robado el suyo) que debía devolver en dos semanas. A todo esto yo estaba a cuadros.
De vuelta en mi calle, nos reunimos un grupo de amigos (no conozco a nadie salvo a una chica que se llama Sarai, que en la vida real no es de allí) y nos sentamos todos en medio de la calzada, en el suelo. Yo manejé el móvil de mi amigo durante un rato y más tarde les pregunté a todos si conocían a Virginia. Nadie sabía nada. En ese momento una chica salía de una casa (esto también es extraño: en la realidad, en esa casa hace muchos años vivía un amigo que se llamaba Valentino y tenía una hermana. El padre era italiano o alemán, no me acuerdo. La chica del sueño tiene acento extranjero y recuerda a la hermana de Valentino, aunque no tiene por qué). También le pregunté a ella pero tampoco sabía quién era Virginia.
De repente, miré hacia el solar y estaba lleno de vegetación y de árboles muy grandes. Esto me sorprendió, puesto que el solar siempre ha estado prácticamente desierto. Me aproximé a un árbol enorme (como los árboles centenarios del Jardín de Floridablanca pero más pequeño) y al lado vi a un amigo (Javi Cánovas) sentado hablando con alguien. Fui hacia ellos, pero cuando llegué habían desaparecido misteriosamente. Me di la vuelta pero mis otros amigos tampoco estaban. Miré hacia abajo y los vi andando por ahí, a lo suyo. Se habían olvidado de mí. No fui detrás de ellos, sino que me metí directamente a mi casa. Justo antes de entrar, miré al solar y ahora volvía a estar casi vacío, salvo por unos cuantos cactus del tipo que crecen en los desiertos de América.

Por último, me metí en mi casa y ahí acaba el sueño.


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