martes, 14 de octubre de 2014

Sueño 10: La casa encantada

Tuve varios pero este es el que más recuerdo.
Fecha del sueño: Noche del 13/10/2014

Me daba la impresión de estar metido en un videojuego de terror. Sin embargo, no estaba pasando miedo, pero no era por falta de motivos. Parecía como si en el fondo supiera que aquello no era real.
Estaba frente a una casa bastante grande, antigua y abandonada. Fuera de ella había un jardín, que parecía un cementerio de los típicos de un videojuego, con vallas alrededor, césped y en mitad de un bosque, aunque no tenía ni idea de qué había más allá de la casa. Todo estaba terriblemente solitario. En mis manos llevaba una escopeta.
De repente, de la nada salió algo parecido al motorista fantasma. Era básicamente un esqueleto animado con una chupa negra, de manera que solo se veía el cráneo. Iba montado en una moto bastante potente, como una Harley Davidson.
Como venía a por mí (no sé qué arma llevaba él o aquello) tuve que empezar a esquivarlo cada vez que me embestía y a dispararle. Tras un duelo no muy largo, finalmente vencí.
En ese momento llegaron más personas. Aunque no los conozco en la vida real, en el sueño eran amigos. Traían una cámara de vídeo.
Nos dispusimos a entrar en la casa. Lo primero que había después del recibidor era un salón. El suelo de toda la casa era de madera vieja y había muebles. Para estar abandonado, el lugar no tenía mala pinta. Era casi acogedor.
Éramos quizá unos 5 o 6. Dos de nosotros cogimos la cámara y fuimos explorando el resto de la casa, mientras grabábamos. En una de las habitaciones no había nada salvo un espejo. Frente al mismo, vimos a una niña vestida de blanco cepillándose su largo, liso y oscuro pelo y desapareció. Era un fantasma, seguramente lo que buscábamos allí.
De repente, vino a mi mente una imagen de mí frente a la niña. Ahora su ropa estaba rota y su cara en descomposición. Con un grito estremecedor, se abalanzó sobre mí con una velocidad increíble y una luz blanca intensa inundó el lugar. Tras acabar la visión, seguía en el mismo lugar que antes. Entonces supe que si me acercaba mucho a la niña, moriría.
Fuimos avanzando cautelosamente por cada habitación, todas casi vacías. Me di cuenta de que cada una era un poco más oscura que la anterior. Incluso llegué a pensar “a ver quién se mete ahí”.

No recuerdo nada más del sueño, no sé si porque me desperté o simplemente es una laguna.

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