Vivíamos
dentro de una ciudad amurallada. Un grupo de jóvenes, entre los que
estaba yo, formábamos una brigada que se ocupaba de mitigar/arreglar
los destrozos causados por desastres naturales. Para ello disponíamos
de un equipamiento especial, el cual no recuerdo cuál era.
Un
día, de repente se abrió un agujero en el suelo de la ciudad y
comenzó a brotar mucha agua de él, inundando todo el terreno.
Nuestra brigada acudió e intentamos desesperadamente cerrar el hoyo.
Poco a poco estábamos consiguiéndolo, cuando de pronto una
corriente nos arrastró a todos hacia las profundidades.
En
ese momento pensé que era el fin, pero luego pude comprobar que era
aún peor. Salimos todo el grupo por otro agujero, en otro lugar de
la Tierra, propulsados en el aire, para caer en medio de lo que
parecía un océano.
Sin
embargo, al levantar la vista comprobamos que no era así. Ante
nosotros se alzaban edificios muy altos, puede que hubiese hasta
rascacielos. No tardamos en comprender que se trataba de una ciudad
totalmente inundada. Probablemente se debía a que el nivel del mar
subió tanto que había llegado hasta allí.
Nos
encontrábamos completamente solos en aquel lugar. Lo primero que
hicimos fue nadar hacia un sitio en alto y pensar en cómo actuar.
Ahí
acaba el sueño.

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