martes, 11 de octubre de 2016

Sueño invitado: Un día cualquiera con Víctor Reyes

    Este sueño invitado es de mi amiga escritora Mabel. Para los que no lo sabéis, además de ser mi amiga de la infancia, estamos escribiendo juntos una historia en Wattpad (El lado rosa de la fuerza).
    Además, en su perfil de Wattpad tiene varias historias muy interesantes y ha publicado varios libros. Os invito a echarle un vistazo: Dalasa.
    Recordad que podéis enviarme los sueños que habéis tenido para que sean publicados (o no, lo que queráis). ¡Un saludo!


Recuerdo que salí de la estación, creo que de un tren, no estoy segura. Una vez en la avenida principal, empecé a correr porque querían matarme. Poco después pillé un taxi y le dije que corriera.
El taxista aceleró hacia delante, donde había un payaso de perfil apuntándome con un arma. De repente yo estaba en el asiento del copiloto, así que puse la marcha atrás. Mientras retrocedía, el taxista junto a mí señaló a mi izquierda (ahora yo estaba en el asiento del conductor) y vi a otro payaso apuntándome de perfil. Llevaba la misma pistola que el otro payaso, de las de competición que salen en las olimpiadas.
El taxista recibió un tiro en la cabeza. Yo salí del coche apartándome mientras disparaban y un monovolumen azul marino apareció doblando la esquina. Víctor Reyes (el personaje de Amar es para siempre de Antena 3) lo conducía y me dijo que subiese. Él respondía a los disparos, pero el coche había recibido varios y no pudimos alejarnos mucho hasta que se rompió.
Llamé a una casa como una loca hasta que me abrieron y me colé con Víctor sin preguntar. La mujer que nos abrió estaba en sus sesenta bien llevados y tenía pelo blanco, corto y ondulado. Llevaba una sombra de ojos azul y unas gafas de esas con hilo para dejarlas colgando al cuello. Había alguien más en la casa, pero no vi quién era. Cerramos la puerta y le pregunté a la señora si había salida trasera. Ella respondió que sí, pero estaba tapiada.
Víctor dijo "vamos", agarró mi mano y me arrastró hasta el final del pasillo. A partir de ahí si giras a la izquierda das a una habitación donde estaba la otra persona, justo delante está la cocina, y a la izquierda hay una ventana, una puerta que no se abre y una habitación al fondo.
De repente me di cuenta de que había un perro que había estado con nosotros todo el tiempo (desde el episodio del monovolumen). Era igualito a uno que tengo (un lulú de Pomerania de colores negro y fuego), solo que en vez de llamarse Chester, se llamaba Escoba.
Empezaron a golpear la puerta de la vivienda. Esta vez los asesinos iban en frac. Víctor y yo intentamos abrir la puerta, pero él terminó rompiendo la ventana y al parecer era un balcón sumergido en la calle con un par de macetas (de esos estilos londinenses, no sé cómo describirlo, solo que estaba una planta más abajo del nivel de la calle). La mujer dijo entonces que se iba a enterar el vecino ese que se quejaba de sus macetas y se fue al cuarto donde estaba la otra persona. Víctor me ayudó a salir por la ventana, mientras le tiraba una pelota a Escoba. La pelota se fue al otro lado del pasillo, hacia la habitación. Escoba volvió con la pelota y Víctor se la volvió a tirar antes de salir por la ventana y que entrasen los asesinos en frac. En vez de girar a la derecha al final del pasillo, giraron a la izquierda siguiendo al perro.
Víctor y yo ya estábamos corriendo por la calle, pero teníamos poca ventaja. De repente me di la vuelta y Víctor no estaba, así que decidí encontrar un parque o una zona peatonal donde no pudieran seguirme en coche. Cuando estaba a punto de llegar a lo que creo que era Fitzgerald Park (Irlanda), el coche con los asesinos pasó por la entrada y yo me escondí en la calle. Víctor ya estaba en el parque y pude verlo. En ese momento recordé que ninguno de los dos llevaba móvil. Él porque en la serie en la que actúa no existen, y yo porque muchas veces salgo a la calle sin teléfono.
Me escondí dentro de un contenedor de basura porque apestaba (y sí, apestaba muchísimo a pesar de que era un sueño) y sabía que no me iban a buscar ahí. Por si acaso, cogí un poco de lo que creía que era ketchup y me lo puse en el cuello para que si alguien fuese a tirar la basura y abriese el contenedor se creyese que estaba muerta y llamase a la policía. Víctor pareció tener la misma idea en cuanto a recurrir a la policía, y además quería atraer a los asesinos hacia él para que no me encontraran a mí. Lo que hizo fue... Despelotarse y quedarse como Dios lo trajo al mundo en medio del parque. Solo recuerdo a partir de ahí que los asesinos se fueron y que en la siguiente escena estábamos en los calabozos de la policía, uno al lado del otro. No nos veíamos pero hablábamos. Estábamos técnicamente en algo parecido a la cárcel, pero estábamos vivos. Y me eché a reír y Víctor me imitó. En ese momento me desperté.

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