Este sueño invitado es de mi amiga escritora Mabel. Para los que no lo sabéis, además de ser mi amiga de la infancia, estamos escribiendo juntos una historia en Wattpad (El lado rosa de la fuerza).
Además, en su perfil de Wattpad tiene varias historias muy interesantes y ha publicado varios libros. Os invito a echarle un vistazo: Dalasa.
Recordad que podéis enviarme los sueños que habéis tenido para que sean publicados (o no, lo que queráis). ¡Un saludo!
Recuerdo
que salí de la estación, creo que de un tren, no estoy segura. Una
vez en la avenida principal, empecé a correr porque querían
matarme. Poco después pillé un taxi y le dije que corriera.
El
taxista aceleró hacia delante, donde había un payaso de perfil
apuntándome con un arma. De repente yo estaba en el asiento del
copiloto, así que puse la marcha atrás. Mientras retrocedía, el
taxista junto a mí señaló a mi izquierda (ahora yo estaba en el
asiento del conductor) y vi a otro payaso apuntándome de perfil.
Llevaba la misma pistola que el otro payaso, de las de competición
que salen en las olimpiadas.
El
taxista recibió un tiro en la cabeza. Yo salí del coche apartándome
mientras disparaban y un monovolumen azul marino apareció doblando
la esquina. Víctor Reyes (el personaje de Amar
es para siempre de
Antena 3) lo conducía y me dijo que subiese. Él respondía a los
disparos, pero el coche había recibido varios y no pudimos alejarnos
mucho hasta que se rompió.
Llamé
a una casa como una loca hasta que me abrieron y me colé con Víctor
sin preguntar. La mujer que nos abrió estaba en sus sesenta bien
llevados y tenía pelo blanco, corto y ondulado. Llevaba una sombra
de ojos azul y unas gafas de esas con hilo para dejarlas colgando al
cuello. Había alguien más en la casa, pero no vi quién era.
Cerramos la puerta y le pregunté a la señora si había salida
trasera. Ella respondió que sí, pero estaba tapiada.
Víctor
dijo "vamos", agarró mi mano y me arrastró hasta el final
del pasillo. A partir de ahí si giras a la izquierda das a una
habitación donde estaba la otra persona, justo delante está la
cocina, y a la izquierda hay una ventana, una puerta que no se abre y
una habitación al fondo.
De
repente me di cuenta de que había un perro que había estado con
nosotros todo el tiempo (desde el episodio del monovolumen). Era
igualito a uno que tengo (un lulú de Pomerania de colores negro y
fuego), solo que en vez de llamarse Chester, se llamaba Escoba.
Empezaron
a golpear la puerta de la vivienda. Esta vez los asesinos iban en
frac. Víctor y yo intentamos abrir la puerta, pero él terminó
rompiendo la ventana y al parecer era un balcón sumergido en la
calle con un par de macetas (de esos estilos londinenses, no sé cómo
describirlo, solo que estaba una planta más abajo del nivel de la
calle). La mujer dijo entonces que se iba a enterar el vecino ese que
se quejaba de sus macetas y se fue al cuarto donde estaba la otra
persona. Víctor me ayudó a salir por la ventana, mientras le tiraba
una pelota a Escoba. La pelota se fue al otro lado del pasillo, hacia
la habitación. Escoba volvió con la pelota y Víctor se la volvió
a tirar antes de salir por la ventana y que entrasen los asesinos en
frac. En vez de girar a la derecha al final del pasillo, giraron a la
izquierda siguiendo al perro.
Víctor
y yo ya estábamos corriendo por la calle, pero teníamos poca
ventaja. De repente me di la vuelta y Víctor no estaba, así que
decidí encontrar un parque o una zona peatonal donde no pudieran
seguirme en coche. Cuando estaba a punto de llegar a lo que creo que
era Fitzgerald Park (Irlanda), el coche con los asesinos pasó por la
entrada y yo me escondí en la calle. Víctor ya estaba en el parque
y pude verlo. En ese momento recordé que ninguno de los dos llevaba
móvil. Él porque en la serie en la que actúa no existen, y yo
porque muchas veces salgo a la calle sin teléfono.
Me
escondí dentro de un contenedor de basura porque apestaba (y sí,
apestaba muchísimo a pesar de que era un sueño) y sabía que no me
iban a buscar ahí. Por si acaso, cogí un poco de lo que creía que
era ketchup y me lo puse en el cuello para que si alguien fuese a
tirar la basura y abriese el contenedor se creyese que estaba muerta
y llamase a la policía. Víctor pareció tener la misma idea en
cuanto a recurrir a la policía, y además quería atraer a los
asesinos hacia él para que no me encontraran a mí. Lo que hizo
fue... Despelotarse y quedarse como Dios lo trajo al mundo en medio
del parque. Solo recuerdo a partir de ahí que los asesinos se fueron
y que en la siguiente escena estábamos en los calabozos de la
policía, uno al lado del otro. No nos veíamos pero hablábamos.
Estábamos técnicamente en algo parecido a la cárcel, pero
estábamos vivos. Y me eché a reír y Víctor me imitó. En ese
momento me desperté.

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