viernes, 18 de marzo de 2016

Crítica al hembrismo (parte 2)

{Continuación. 1ª parte aquí.}

    Pongamos algunos ejemplos prácticos.
    Ejemplo 1. Discotecas. Hay lugares en los que los chicos deben pagar, mientras que las chicas pasan gratis. Aunque el local pueda tener motivos comerciales, para atraer clientela o similares, no deja de ser discriminatorio.

    Ejemplo 2. Parejas heterosexuales. La chica quiere tener sexo. Es una persona libre y no pasa absolutamente nada. En cambio, si es el chico quien quiere tener sexo, en ocasiones es tachado de pervertido y marcado con otros estereotipos como "los hombres siempre piensan en lo mismo" o "todos los hombres son iguales". ¿Por qué? (increíble pero cierto; véase el experimento social a continuación).

    Ejemplo 3. Violencia de género. No profundizaré mucho en esto ya que la gran mayoría de este tipo de violencia es machista. Sin embargo, también hay casos de mujeres que cometen abusos contra sus compañeros sentimentales y en ocasiones utilizan la ley a su favor. Porque claro, ¿quién se va a creer que una mujer le haya pegado a un hombre o que le haya obligado a hacer algo en contra de su voluntad? El sexo femenino a veces es victimizado y tachado de débil, cuando no es así. Es curioso e irónico cómo la actitud machista en este caso fomenta el hembrismo, a pesar de ser opuestos.
    Ejemplo 4. Feminismo. Aquí me basaré más en mi experiencia personal. Algunas mujeres se consideran a sí mismas feministas, pero ven a los hombres como sus enemigos. Una vez entré en una web que se autocalificaba de esta manera en la cual se escribían artículos de opinión. Leí uno que me gustó e hice un comentario expresando los puntos en los que estaba de acuerdo y en los que no, todo con un lenguaje respetuoso. La respuesta que recibí fue de desprecio total, por parte de varias personas, solo por no coincidir totalmente con sus ideas (y eso que yo soy feminista). Incluso me lanzaron insultos sexistas por ser hombre. Amigos lectores, déjenme aclarar algo: eso no es feminismo. Es muy importante conocer el límite, porque personas como estas provocan que otras confundan los conceptos.

    En nuestra historia, la sociedad ha sido machista, por desgracia. Y aún lo es. ¿Cuántas veces habremos visto a alguien criticar la mala conducción de otra persona y achacarlo a "mujer tenía que ser"? ¿Cuántas veces habremos asociado las tareas de limpieza con un "trabajo de mujer"? La desigualdad laboral entre sexos es una realidad. Sin embargo, tenemos la oportunidad de cambiar todo eso (y afortunadamente, está cambiando) y avanzar hacia una igualdad real. Y ese cambio empieza en nosotros. Una vez leí una frase que me pareció muy acertada: "Si quieres cambiar el mundo, cambia tú". Es necesario modificar la mentalidad de nuestra sociedad, y para ello, primero debemos hacerlo con nuestra propia actitud. Pero si dejamos un extremo, no caigamos en el error de evolucionar hacia el contrario.

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