lunes, 24 de agosto de 2015

Fragmentos del alma


En determinados momentos de nuestra vida, cuando no nos encontramos bien emocionalmente, necesitamos una vía de escape, una manera de expresarnos para sentirnos mejor con nosotros mismos. En mi caso, simplemente comenzar a escribir lo que sale de mí en esos momentos es una de las formas que cumplen este fin. 
Todos tenemos pensamientos oscuros que ocultamos o enterramos en la profundidad de nuestro ser, pero que en momentos de bajos emocionales acaban saliendo a la superficie. Esta reflexión se basa en la necesidad de plasmar esos sentimientos ocultos, los que nadie o casi nadie conoce. Tan solo necesitaba una manera de expresarme. Os presento un fragmento de la parte más oscura de mi alma

Parte I: ¿Qué debo esperar?
Soy idiota. Al menos así me veo yo cuando me miro al espejo. Me paso la vida esperando y esperando cosas que parece que nunca van a llegar. Todo el mundo me dice "llegará", pero cada vez me suena más vacío. No veo que nada de lo que espero llegue. Estoy perdido en mitad de un océano con la constante sensación de que me voy a ahogar en cualquier momento. De vez en cuando algo bueno pasa, algo que me hace recuperar la ilusión en mí mismo, la esperanza de compartir mi vida con alguien más, de hacer algo más. Sin embargo, se desvanece de repente, tan fugaz e inesperadamente como vino a mi vida, antes incluso de que tome forma definida.
Mi vida se basa en buscar destellos de luz que de vez en cuando se divisan en medio de la más profunda oscuridad. Busco la luz, pero no encuentro el camino. Siento que me hundo, luego consigo salir un poco a flote y respirar una o dos bocanadas de aire fresco, antes de volver a hundirme de nuevo.
¿Es esto lo que debo esperar? Desorientado siempre, buscando algo que no depende de mí para encontrarlo, solo llega y/o se va en cualquier momento.
Algunos piensan que es una estupidez pensar en ello. Algo de razón tienen. No me lleva a ningún lado hacerlo. Pero no puedo evitarlo. Por eso soy un idiota. Me hago ilusiones con lo que puede llegar a ser, pero nunca es. Entonces la caída es inminente...
¿Perderé la esperanza algún día? No lo sé. Todo es incierto para mí. De momento ahí sigo, aferrándome a lo poco que puedo, retazos de felicidad. Preguntándome si algún día llegará la verdadera luz, la que me saque de este pozo sin fondo, de este océano y me lleve a tierra firme, donde pueda respirar.

Parte II: Un rayo de luz
He visto uno. Un destello de luz. Lo he seguido hasta quedar bañado en él. Durante una noche estuve en un lugar cálido, donde no existían las preocupaciones. Ojalá durase para siempre esa sensación de calma y paz encontrada en medio de una tormenta.
Pero ahora ha vuelto a desaparecer, vuelvo a estar sumido en la oscuridad. Solo puedo esperar a ver la misma luz, no obstante, sin saber si lo haré ni cuándo.
Toda nuestra existencia está condicionada por el tiempo, un tiempo que muchas veces es absorbido por cosas consideradas más importantes o menos, cuando en realidad lo que verdaderamente importa escapa a nosotros y en la mayoría de los casos ni siquiera está remotamente relacionado con aquello que se suele considerar de importancia.
Esclavos del tiempo y del dinero, eso es lo que somos. Pero no quiero serlo más. Tampoco he encontrado la manera de romper las cadenas, pero lo haré. Donde hay una voluntad, hay un camino.
¿Será este nuevo rayo de luz el que me salve? ¿El que me guíe fuera de la oscuridad? Solo el tiempo lo dirá. Pero creo que he aguantado demasiado. No quiero esperar más. Quiero saltar, pero tengo miedo de caerme...

Parte III: Y de nuevo... oscuridad
 La historia se repite. Aquel fugaz rayo de luz pronto se desvaneció, dejando tras de sí una sensación de vacío que siempre había estado ahí, pero al llenar el hueco y volver a vaciarlo parece que es mayor. Una cosa tengo clara: jamás olvidaré ese sentimiento de estar pleno por fin, de no desear nada más. Aquella calma, paz y calor acogedor que ya no recordaba. Lo cierto es, que aunque duela, es reconfortante evocar ese sentimiento extraño de describir.
Sin embargo, nada es en vano. Sigo en la oscuridad, como antes, pero ahora algo me empuja hacia adelante. Una certeza oculta que me dice que siga intentándolo, que no me rinda, que algún día encontraré mi luz. Aún quedan muchas caídas antes de poder volar.
Nunca estoy solo, pero hasta que ese día anhelado llegue, seguiré sintiéndome así: solo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!