Es
probablemente la fiesta de cumpleaños más extraña de la historia.
El
sueño transcurre en dos años, pero solo en los dos días de mi
cumpleaños.
El
primer año estaba yo tranquilamente en mi casa ese día. Mi
planificación para la fiesta era simplemente invitar a unos amigos,
no muchos, y hacer la celebración en mi casa. Todo ocurrió con
normalidad y no fue un cumpleaños muy especial, aunque no estuvo
mal.
Al
año siguiente, recuerdo que iba caminando por la calle con unos
amigos, no recuerdo quiénes ni cuántos. Nos dispusimos a entrar en
un edificio. Una vez dentro me vi en un salón enorme y muy
iluminado. El suelo era de color marrón anaranjado y estaba algo
inclinado en la entrada. Mis padres estaban allí, y también amigos
suyos. Las amigas de mi madre me felicitaron, di las gracias y fui a
hablar con mi madre. Resulta que toda la fiesta la había organizado
ella pero con la mala suerte de que había invitado a muchísima
gente, la mayoría de la cual ni siquiera conocía. Yo tenía claro
que los amigos de mis padres no pintaban nada en mi fiesta, una
fiesta de jóvenes. Pero fue una gran sorpresa.
Cuando
llegó todo el mundo, aquel recinto se llenó casi por completo.
Éramos más de 100 personas en total sin exagerar. Calculo que no
conocía ni a la mitad. Sin embargo, a los que conocía les saludé y
formamos un grupo ya que, si yo no conocía a los demás, imagínate
ellos. Algunos extraños se presentaron y resultaron ser simpáticos,
uniéndose así al grupo. Mis primos estaban allí, pero hay algo que
me llama la atención ahora que pienso en ello, y es que de mis
amigos actuales no había ninguno. A muchos de los que conocía eran
personas que hacía años que no veía, antiguos compañeros de
clase, etc.
Mientras
estaba hablando con mi primo sobre toda la gente que allí había,
entraron los invitados especiales. Nosotros los llamábamos payasos,
pero no eran payasos infantiles, sino más bien parecían actores de
circo que iban a hacer un espectáculo (de hecho había un enano
también).
Hay
que decir que había muchísima comida, tanta que aún iba a sobrar
con todos los que éramos allí.
En
un momento determinado estábamos mi primo, un individuo que no
conocía, un amigo y dos o tres chicas charlando durante un rato y
comiendo. De repente a una de las chicas le dio un mareo y no se
podía tener en pie. En ese momento dije “eso va a ser que te ha
sentado mal algo”. Entre mi primo y yo la cogimos uno por cada lado
y la llevamos a una especie de cuarto pequeño en el que había un
telefonillo. Resulta que aquel lugar tenía 4 plantas y la 4ª era
una enfermería. No había ascensor, por lo que teníamos que ir por
las escaleras. Al llamar contestó una mujer, le explicamos lo
ocurrido y nos abrió una puerta, la cual daba directamente a las
escaleras.
Los
demás pisos eran también salones muy grandes, pero estaban
desiertos y a oscuras. Casi daban miedo. Finalmente llegamos al
último, donde no vi más que un pasillo que rodeaba una sala en la
que había un amplio escenario y muchas butacas.
Las
luces se encendieron y apareció todo el mundo que antes estaba
abajo. Era otra sorpresa-broma. La chica confesó que en realidad no
se encontraba mal, y yo deduje que ahí no había ninguna enfermería.
Me la jugaron bien, pero me reí. Después de todo era mi cumpleaños.
Mientras repartían aún más comida (unas pizzas enormes) nos fuimos
sentando mientras esperábamos que los invitados especiales actuaran.
Después
de todo aquello me lo pasé bastante bien.

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