Las mujeres aimaras aprenden a tejer desde pequeñas con técnicas heredadas y adquieren una gran habilidad. Dicha destreza es la que les permite tejer los implantes, ya que son tan pequeños y requieren de tanta precisión para ser fabricados que solo pueden realizarse artesanalmente. El material utilizado para los implantes es un hilo de nitinol, una aleación de níquel y titanio. Este es introducido en el cuerpo del niño y permite tapar el agujero del corazón, de manera que el paciente puede llevar una vida normal.
Es curioso y a la vez inspirador ver este caso en el que tradición y progreso no solo son compatibles, sino que además ambos son necesarios. Es todo un ejemplo para un mundo en el que se pierden muchas tradiciones y se pone tanto énfasis en el progreso tecnológico.
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