martes, 12 de abril de 2016

La esperanza. Parte 2: Avanzando en el caos

    {1ª parte aquí}



    Demasiadas preguntas y tan pocas respuestas. Los pensamientos me atacan, como si se rebelasen contra mí, y no encuentro mi paz interior. Reina el caos.
    Estar solo conmigo mismo se convierte en una tortura. Huyo de mí para refugiarme en otros. Para dejar de pensar. Para sentirme tranquilo.
    
    Ya han pasado demasiados años. Esto no es vivir. La pregunta aparece en mi mente: ¿quieres vivir? No lo sé. ¿Cuál sería la alternativa? ¿El suicidio? Puede, pero por un lado, no sé qué hay después de la muerte. ¿Cesará mi sufrimiento o mi alma seguirá atormentada para siempre? Además, ya estoy muerto por dentro. ¿Qué diferencia hay? 
    Por otro lado, el suicidio no es una opción. Quitarse la vida es de cobardes. Significa que no he tenido los cojones de afrontar mis problemas. Que me he rendido. Y si me voy, ¿qué será de los demás? De aquellos que me quieren, que me apoyan. Les haría mucho daño solo por mi egoísta cobardía. Dicen por ahí que merece la pena vivir. Si es así, ¿por qué yo no encuentro las ganas? Quizá la vida no sea para todos o quizá yo lo esté haciendo todo mal. “No vales para nada”, me digo. “Tú vales mucho”, me dicen. ¿A quién creo? ¿Cuál es mi verdadero valor?
    
    Por muy oscuro que esté todo, siempre queda una luz, por pequeña que sea, que nunca se apaga. Está en mi mano decidir si seguir en la oscuridad o ir tras esa luz para descubrir a dónde me lleva. En otras palabras, puedo elegir entre seguir muerto o intentar vivir.

{3ª parte aquí}

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