sábado, 9 de enero de 2016

Sueño 19: Senderismo por un campo de minas

Fecha del sueño: 09/01/2016.
Era un día como cualquier otro: soleado, cielos despejados. Mis amigos y yo decidimos ir a hacer senderismo a lo que parecía una sierra. El sendero en cuestión era ancho y de tierra. A los lados del mismo, se veían los árboles y vegetación propios de las montañas mediterráneas (pinos principalmente).
Ascendimos durante todo el sendero hasta llegar a una casa de madera, la cual seguramente era de uno de los del grupo, pues nos quedamos en ella un tiempo. No recuerdo cuánto, quizá unos días.
Cuando nos dispusimos a bajar de nuevo para volver a nuestras casas, algo había cambiado. No sabía el qué, pero el ambiente era diferente. De repente, se escuchó una explosión. Un grupo de personas subían corriendo hacia nosotros. Después de recuperar el aliento, nos contaron que unas personas habían enterrado minas a lo largo del sendero, y que además estaban buscando y asesinando a la gente. También nos dijeron que inicialmente eran más en el grupo, pero algunos habían muerto. Las minas no eran mortales, pero la explosión te mandaba por los aires y como mínimo te dejaba herido y sin poder caminar bien, lo que te hacía presa fácil para los que nos estaban buscando.
Seguimos bajando el sendero (no podíamos hacer otra cosa que intentar huir) con mil ojos para no pisar ningún explosivo y deseando no encontrarnos con nadie más. Afortunadamente, las minas no eran demasiado difíciles de detectar, dado que no habían sido enterradas muy profundamente. No íbamos todos juntos; algunos se rezagaron un poco. Yo iba en cabeza.
En una curva del camino, de repente se acercaron dos coches. De uno salió una pareja de jubilados, probablemente buscando un lugar más seguro. Nosotros, con desconfianza, les dijimos que se fueran inmediatamente.
Del otro coche salió un hombre de mediana edad, de tez morena. Le dijimos que se fuera también, pero insistió en que estaba buscando a alguien de nuestro grupo, de manera que dejamos que fuera.
Poco tiempo después, más adelante en el recorrido, se acercó un grupo de gente dando voces y llamándonos. La mayoría de los míos retrocedieron, pero yo me quedé, ya que enfrente de mí vi a mis padres. Aún así, no sabía quiénes eran los otros ni si tenían algo que ver con las minas, así que todavía desconfiaba.

Me desperté en mi cama. Vivía en un piso compartido. En ese momento solo estaban mi compañera, que tendría entre 20 y 30 años, y mi madre. Nunca me había llevado bien con mi compañera, pero jamás me imaginé que fuera una criminal.
Recién levantado, me dirigí a la puerta de mi habitación y la abrí, pero solo un poco. Mi compañera estaba frente a la puerta de al lado, que era la del baño. En ese momento, mi madre estaba dentro, en la ducha. La chica entonces abrió un poco la puerta, sin que mi madre se percatara, tiró un objeto dentro y cerró de nuevo, sujetando la puerta con fuerza para que no se pudiese abrir.
Yo, viendo la escena me imaginé que aquel objeto sería algún explosivo: una granada, una bomba de gas o similar, así que sin dudarlo salí de mi habitación y golpeé a mi compañera, la arrastré hacia el salón y comencé a estrangularla. No quería matarla, solo la dejé inconsciente durante unos minutos. Acto seguido fui al baño y le grité a mi madre que saliese corriendo, que la otra había tirado algo dentro e iba a explotar. A continuación, los dos huimos de aquel piso.
En ese momento suena el despertador...

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