Como suele ocurrir,
solo recuerdo algunas partes concretas.
Era un lugar un
tanto extraño: se trataba de un hotel que a su vez era un castillo
medieval, exterior e interiormente.
Mi estancia allí
fue de varios días, no sabría decir cuántos. Una noche me
encontraba con dos amigos, Toño y Santi, hablando en un pequeño
balcón. Lo único que había eran sillas, y al parecer estábamos
bebidos. Era una conversación animada y con risas, y en un momento
determinado Santi hizo algún comentario y Toño y yo lo cogimos en
volandas llevándolo hacia dentro. El interior era de un color marrón
claro, tanto paredes como suelo, un color muy parecido al de la
arena, dentro de todo el castillo. En la habitación en la que
estábamos no había casi nada salvo una especie de cuba en una
esquina tapada con una piedra grande. Destapamos la cuba y sin
pensarlo echamos a Santi dentro, entre risas. Para nuestra sorpresa,
al hacer esto Santi desapareció. Dentro de la cuba era todo negro y
había un vacío. Toño y yo no lo sabíamos, era como un agujero de
gusano (muy típico en los castillos medievales) o simplemente era un pasadizo. Yo creí que era lo primero, y
empecé a reflexionar sobre lo que habíamos hecho. Si era un agujero
de gusano significaba que Santi podría estar en cualquier parte del
Universo y por supuesto, si no era la Tierra, estaría muerto. En ese
caso no iba a arriesgarme a meterme en la cuba por lo que pudiese
pasar, pero me preocupé muchísimo y pensé que quizás habría
matado a mi amigo. En cambio Toño apenas le dio importancia. El
estaba ahí sentado como si nada.
A la mañana
siguiente, en la recepción del hotel había unos franceses que
estaban a punto de irse. Allí también estaban mis padres, mis
abuelos y mi tía, por alguna razón. Como mi tía conocía el lugar,
le pregunté si sabía algo sobre la cuba. Ella me llevó a otra sala
muy parecida a la de la noche anterior donde había otra cuba
cerrada. Pero allí no había nadie, así que no me servía de nada.
Pensé que seguramente Santi no habría ido a parar allí.
Por la tarde, fui a
una sala donde había una barra. Detrás de dicha barra estaba una
chica a la que yo conocía, un poco más pequeña que yo (cosa de un
año o así). Era la hija del dueño, quien por cierto estaba forrado
de dinero. La chica tenía el pelo semilargo, rizado y ojos marrones.
Era guapa en mi opinión.
Le dije que tenía
que hablar con ella y la llevé a un salón contiguo donde había
bastante gente charlando en sofás y bebiendo. La chica y yo nos
sentamos en un sofá y empecé a contarle que estaba muy preocupado,
que Santi estaba desparecido... Pero justo en ese momento vi delante de mí en otro sofá a nada menos que... ¡Santi! Me quedé perplejo. Él me miró y se notaba en su mirada
que estaba cabreado.
Lo primero que le
dije fue “¡Yo no fui! ¡Fue idea de Toño! ¡No lo sabíamos!”.
Él me miró con cara de incredulidad y me dijo “Ya, seguro”, y
se marchó.
Sabía que Santi
estaba cabreado conmigo por lo que le hicimos, pero ir a hablar con
él en aquel momento no sería buena idea. Prefería esperar a que
las cosas se calmasen. Tranquilizado por saber que seguía vivo,
empecé a coquetear con esta chica y ella sorprendentemente me seguía
el rollo (al parecer en los sueños estas cosas se me dan muy bien
jeje).
Lo siguiente que
recuerdo es estar en una especie de salón de actos con muchos
asientos. El dueño del hotel iba a dar una conferencia, y su hija
estaba sentada a mi lado.
En ese momento me
despierto. Una pena.

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