sábado, 21 de marzo de 2015

Sueño 16: La prisión

Fecha del sueño: 21/03/2015.

Era como una especie de camping muy grande. Había piscina, patio y dos pistas deportivas, al menos una de ellas de fútbol, entre otras cosas. La más pequeña, con el suelo de color rojo, al descubierto frente al sol y pegada a la valla del lugar, apenas se utilizaba, quizá por ser demasiado pequeña.
Esta supuesta prisión se encontraba casi en medio de la nada. En los alrededores de la misma había un campo inmenso de maíz, parecido a los de las películas americanas. También había a una cierta distancia un lavadero de coches, pero tenía poca clientela. Aparte de aquello, no había prácticamente nada más, solo asfalto.
¿Mi delito? No tengo ni idea. Solo sé que estaba allí, junto con mucha más gente. La convivencia era pacífica, y al principio me encontraba yo solo, sin amigos. A primera vista resultaba difícil de creer que estuviese en una prisión, ya que disponíamos de bastantes comodidades (¿quién ha visto una piscina en una cárcel?). Además, las vallas eran muy altas en algunas zonas, pero en otras se podían saltar sin esfuerzo. En muchas zonas apenas había vigilancia y uno se podía escapar fácilmente, pero en cuanto se daban cuenta de que lo habías hecho salían a buscarte con perros y todo. Siempre te encontraban, y al traerte de vuelta te imponían un castigo.
A decir verdad, no nos faltaba de nada allí, salvo libertad.
Un solitario día, paseaba yo junto a una de las vallas. No había nadie más por allí en aquel momento. De repente, en el exterior, salió del maizal un chico más o menos de mi edad. Me dijo que me estaba buscando. Rápidamente me contó que sabía cómo escapar de allí de tal forma que jamás me encontrasen. Me indicó que había una cabaña en medio del maizal, dándome instrucciones para llegar hasta allí. Después se marchó.
Aunque no había razones para confiar en aquel desconocido, si lo que decía era verdad sería mi única oportunidad de huir de allí para siempre. De manera que más tarde, asegurándome de que nadie me viese, salté sin dificultad la valla y comencé a caminar. Encontré la cabaña, pero no recuerdo qué pasó durante un intervalo de tiempo. Solo sé que al cabo de un rato me dirigía a un lugar en concreto, más allá del lavadero de coches. Al pasar por el mismo, los que trabajaban allí me vieron, y por lo visto supieron de dónde venía, pues se mostraron hostiles. Una mujer estaba lavando un coche con una manguera con bastante presión, y sin previo aviso dirigió el chorro hacia mí, acertando de lleno. “¿Tú eres gilipollas?”, le dije, enfadado. Me respondió con otro insulto y acto seguido ella y unos tres hombres comenzaron a seguirme. Como sabía que no buscaban ser mis amigos, me fui de allí a paso rápido.
El sitio al que iba resultó estar mucho más lejos de lo que yo pensaba. Mis perseguidores seguían detrás de mí, pero no se apresuraron y mantuvieron las distancias todo el camino. Llegué a otro lugar, también en medio de la nada, donde había una pista de piedra, como las de la prisión. Había gente jugando al fútbol y otros simplemente pasando el rato. No recuerdo si hablé con alguien (después de todo estaba allí por una razón, pero por desgracia es una laguna), pero estuve allí un tiempo.
Cuando volví, anochecía y los cuatro idiotas de antes todavía estaban detrás de mí. Llegué a la prisión y me colé dentro de nuevo. Intentando acorralarme, uno de ellos también se metió, dispuesto a pelear. Yo ya estaba dentro, así que ya no estaba preocupado, de manera que me dirigí confiadamente hacia mi adversario, caminando hacia él. El otro, viendo mi seguridad y probablemente percatándose de dónde estaba, vaciló y finalmente acabó por largarse. Desde el otro lado de las vallas me dijeron algo relacionado con que mis superiores supieran de mi escape. Yo les respondí desafiante y se fueron.
Al día siguiente, parecía que nadie se había dado cuenta de mi aventura, lo cual fue un alivio. Sin embargo, ocurrió algo sorprendente: comenzaron a aparecer mis amigos de bboying, a los que hacía mucho tiempo que no veía, y entrenamos en la pista roja con música. Pasé de estar completamente solo a estar rodeado de amigos. No sabía si estaba permitido lo que estábamos haciendo, pero me daba igual.

Lo último que recuerdo es la dueña de la prisión (sí, era una mujer muy estricta) viniendo hacia nosotros. No parecía muy contenta, pero nunca lo estaba así que no era nada nuevo.

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